Consulta indígena, dignidad olímpica

Mauricio Casares Castro

Toma agua de pozo en tierras mayas y volverás a Yucatán, reza un viejo dicho peninsular. Hoy necesitamos del hígado y pastillas desparasitantes para dicha práctica. El mayab, con su suelo kárstico de rápida filtración y un acuífero geohidrológicamente conectado, es vulnerable por la industria porcina que contamina las venas abiertas entre grietas y rocas que conducen a cuevas, cenotes y pozos. La antigua costumbre diaria de llevar agua viva y pura de nuestros pozos a la mesa es insano tras las consecuencias de políticas públicas disfrazadas del ilusorio “desarrollo” para nuestro estado. Siempre, es hoy, costumbres interrumpidas. Siempre, es hoy, negación de nuestro pasado. Siempre, es hoy, urgencia por la vida. La avalancha de fenómenos catastróficos de agua y fuego minan los avances del cambio climático alrededor del mundo. Ser enterrado bajo tierra es suerte de miles de indígenas defensores del medio ambiente; así pues, en hora y en tiempo, cuidar nuestra última oportunidad, de nuestro único futuro y porvenir colectivo, es un nuevo comienzo -y no una nueva normalidad- que acompañe la organización por la salud de todos y todas.

Hablar del futuro parece un porvenir que cambia día con día pero los pueblos indígenas siguen forjando un horizonte caminando al frente de las luchas ambientales y Yucatán no es la excepción. Pueblos mayas luchando por existir cuando, hoy, papeles que autorizan la contaminación de nuestra agua con heces fecales de miles de cerdos son firmados por dentistas, sellando el contubernio entre empresas porcinas y políticas “ambientales” del Estado. La contaminación del manto freático peninsular es una realidad que el pueblo maya, activistas, científicos y académicos buscan visibilizar tras la actual lejana potable agua de pozo. ¿Qué sabemos? Miles de cerdos confinados en chiqueros malolientes, cientos de fábricas de cerdos, y una industria que presume un reconocimiento de empresa socialmente responsable. Y cuanto más oscura es la noche, tres pueblos mayas se cuestionan, se convocan y deliberan como pueblos libres si quieren o no un desarrollo porcícola en sus territorios.

Este Domingo, 25 de Julio, Kinchil, Celestún y San Fernando celebran consultas indígenas, parte de un ejercicio de libre determinación para que, como pueblos, caminen el destino que ellos mismos decidan. Es deliberar sobre lo que afecta en sus vidas y su territorio, derecho reconocido en las leyes y por el cual exigen defendiendo lo que ancestralmente han cuidado. Se prepararon con representantes tomando acuerdos en la fase inicial. Después invitaron a los delegados ambientales, autoridades locales, estatales y federales, y a los dueños de las granjas para que respondan las inquietudes y preocupaciones del pueblo sobre las aguas residuales de las excretas de los cerdos y las autorizaciones que los gobiernos han otorgado. La sesión informativa lució las sillas vacías de dichos invitados, solo se escuchó la perspectiva de una investigadora ambiental y las amenazas de empleados de las granjas. 

Del otro lado de la tierra 11 mil deportistas de más de 200 países celebran el evento deportivo por excelencia, que son, hoy, los juegos olímpicos más extraños de la historia. Bajo el lema “citius altius fortius”, “más rápido, más alto, más fuerte”, con el nombre desfasado (Tokyo 2020), las competencias libradas en estadios vacíos, y con el espíritu menguado entre tanta muerte por el coronavirus, catástrofes ambientales y guerras en cada rincón del planeta, hacen pensar si las proezas de un crecimiento a toda costa es benéfico para todos y todas. En Yucatán tenemos records de escala olímpica. En 2018 se sacrificaron 1,875,890 cerdos, el equivalente a llenar 21 veces el estadio azteca si sentásemos a cada cerdo en una butaca. También en Yucatán, por cada infante en pobreza hay dos cerdos gordos. Lamentablemente estas cifras observan el lema olímpico, pues año con año crece la pobreza y se instalan más y más fábricas de marranos. Este Domingo Kinchil, Celestún y San Fernando, ejercen el derecho humano a la autodeterminación, en una batalla épica entre una industria solapada por el Estado y colectivos mayas que siguen resistiendo el racismo y el colonialismo en su territorio. Seguimos atentos esta justa olímpica, que si bien no traerá preseas, sentará un sólido precedente de la inquebrantable dignidad humana.

 

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