Carta a nuestras compañeras del Chuunt’aan

No basta un perdón, o un no lo vuelvo a hacer, para justificar la continua violencia a la que están expuestas.

¡Ustedes tienen razón!

Nacemos hombres y nos dan la preferencia en nuestra educación porque nos consideran que solamente nosotros podemos llevar el gasto a nuestra casa y, por lo tanto, nosotros nos merecemos tener lo mejor porque de ahí depende que podamos llevar el pan a la mesa. Pero nosotros los varones  nunca nos ponemos a pensar si está bien o está mal esta preferencia, algo de esa mala costumbre ya está cambiando, pero  aún falta mucho.

Luego, Crecemos y a nosotros nunca nos preguntan nada de  nuestra primera relación sexual, ni la primera, ni la última; en cambio a nuestras hermanas cuando lo hacían, las pegaban y las sacaban de la casa por haber deshonrado a la familia.

Nos casamos, y seguimos engañado a nuestras esposas, ellas nos perdonan, y nosotros lo  volvemos a hacer. A los hombres nunca nos señalan de que somos pirujos, es mas en el pueblo dicen que tener otras mujeres es algo natural,  en cambio cuando una mujer lo hace, enseguida la señalamos de que son facilonas, coscolinas, mujeres que no están quietas, no las bajamos de ser malas mujeres si hacen lo mismo que nosotros.

Nosotros podemos tener hijos regados con muchas mujeres y en la sociedad no se ve mal, hasta decimos que ese es un verdadero gallo, pero ustedes no pueden hacer lo mismo. Ahí la sociedad y en algunos casos la familia termina por acusarlas de ser malas mujeres y mal ejemplo a seguir.

Si una madre es madre soltera y el hijo sale rebelde, la culpable ahí según la sociedad es ella, y no el padre desobligado que los abandonó.

Estos son algunos de los privilegios que el sistema y el mundo machista nos ha dado a nosotros los hombres, y que nos hemos creído que así debe de ser, cuando en la realidad debería ser todo lo contrario.

En algunos casos, o en su mayoría, cuando ustedes sufren violencia en su hogar, el Ministerio Público la obliga a llevar un análisis clínico para valorar si realmente es considerado grave o en su caso obligarla a perdonar a la persona que la golpeo. En muchas ocasiones hemos escuchado cómo se burlan de las mujeres por los funcionarios públicos cuando denuncian que fueron violadas por su esposo. Dicen bien ustedes cuando mencionan que se hacía mejor la justicia cuando se hacía en el pueblo, sobre todo cuando ustedes eran las perjudicadas.

Pero así como las diputadas y diputados no han entendido que no pueden hacer leyes para el pueblo maya sin nuestro consentimiento, mucho menos han entendido que en esas sus leyes que han hecho han perjudicado a las mujeres mayas, dificultando el acceso a la justicia, aunque al menos ya están tipificando el feminicidio como delito grave.

Queremos decirles a las mujeres que estamos conscientes de que es una deuda histórica que, al menos nosotros los hombres del chuunt’aan, estamos destinados a aceptar, que la realidad de la convivencia en esta tierra tiene que ser de iguales y no esperar a que existan leyes que nos castiguen por no hacer lo correcto.

Nos sumamos a la exigencia para que se acabe cualquier tipo de violencia hacia ustedes mujeres, mayas y no mayas. Exigimos junto con ustedes la liberación de Zelina, y de las mujeres que han sido encarceladas por haber tenido un aborto involuntario y que por este hecho fueron acusadas de homicidio. Levantamos la voz con ustedes para que dejen de hacer leyes que violen  el derecho de las mujeres mayas. Les decimos que nosotros caminamos junto con ustedes  en sus exigencias y nos comprometemos a renunciar a nuestros privilegios y preferencias como varones mayas. Todavía tenemos que seguir conversando todo eso que se dice machismo y patriarcado,  pero desde ahora nos comprometemos para irlo cambiando.

Los hombres del Chuunt’aan